Comedor social

En el año 1961, cuando comienza el funcionamiento de la parroquia, llegaban personas para trabajar en Vitoria desde todos los lugares de España. La parroquia creó la Obra Social con la idea de ir dando respuesta a las necesidades que se iban generando. En ese momento se detectaron dos necesidades principales: la guardería y el comedor.

Durante muchos años, se atendieron esas necesidades, hasta que aparecieron las guarderías municipales y no se vio necesario mantener ese servicio. En cambio, el comedor ha seguido prestando sus servicios hasta el día de hoy. En el año 2007, con el comienzo de la crisis, el comedor social cogió nueva fuerza y llegó a servir casi 300 comidas y unas 200 cenas diarias.

La Obra Social ‘Nuestra Señora de los Desamparados’ tiene como finalidad la atención y ayuda a personas sin recursos materiales suficientes, a través de un comedor social. Esta Obra Social es una iniciativa parroquial de carácter benéfico-asistencial, que goza de personalidad jurídica propia y autonomía de funcionamiento, y que ejerce sus funciones con espíritu altruista, no lucrativo y solidario en aplicación de la doctrina social de la Iglesia.

Realizamos una importante labor de asistencia a los sectores más desfavorecidos de Vitoria-Gasteiz, en colaboración con la Congregación de las Esclavas de Cristo Rey y los responsables y fieles colaboradores de la parroquia de Nuestra Señora Madre de los Desamparados, mediante el funcionamiento de una comedor social que desarrolla sus actividades principalmente en los salones y dependencias de la citada parroquia.

La entrada al Comedor Social es por la calle Kutaisi. El horario de comida es de 12:30 a 15:30 y el horario de cena, de 19:30 a 21:30 h.

En los últimos años se ha contado con el apoyo municipal. Los servicios municipales derivan los casos de necesidad a nuestro comedor y el Ayuntamiento, mediante un convenio que ha sido firmado para el año 2016, se compromete a pagar al Comedor lo correspondiente a las personas que han sido derivadas por las trabajadoras y los trabajadores sociales municipales. También acuden personas que pagan ‘de su bolsillo’ los servicios del comedor y otras que son derivadas desde distintas parroquias vitorianas. Por un módico precio, todo aquel que lo desee puede venir a comer a nuestra Parroquia.


La Comunidad de Esclavas de Cristo Rey

La comunidad de Esclavas de Cristo Rey desarrolla en Vitoria una labor social en favor de los más desfavorecidos, hacer realidad la frase de Jesús: «lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Nos ocupamos del comedor social, donde vienen a comer y cenar todo tipo de personas, en su gran mayoría –por el hecho de ser un comedor ‘económico’– con escasos recursos, personas sin familia o solitarias por diversas causas.

Cada vez llegan más inmigrantes: de Marruecos, Argelia y de un sin fin de lugares lejanos que, desarraigados de su tierra y familia, Llevan consigo una problemática difícil de solucionar. Vienen a nuestro país con la esperanza de mejorar su nivel de vida pero al carecer de papeles, la dificultad del idioma y otros factores, cada vez se les hace más penosa la permanencia en España.

Nuestra aportación (pequeña o grande) carente de comunicación por la dificultad del idioma, se basa en servir y aceptar a estas personas que llegan buscando quién les acoja; envueltas en innumerables problemas que se van agrandando a medida que se van encontrando en un callejón sin salida, pues el trabajo no puede llegar si carecen de papeles. Aquí se les da de comer y también se les orienta sobre los lugares a los que pueden recurrir en busca de ayudas que les haga posible una vida más digna.

En el rostro de estas personas podemos descubrir el de Cristo, pobre, incomprendido y no aceptado por muchas personas de su época, y ahora… ¿realmente somos capaces de descubrirlo? Él, se nos presenta a lo largo del día en infinidad de ocasiones, ¿lo reconocemos? Necesitamos tener los ojos y el corazón muy abiertos para poder captar los mensajes que Jesús nos envía a través de los acontecimientos que se suceden minuto a minuto, pero hay que ponerse en la onda de Dios.

Nuestra labor como se puede apreciar, aunque pequeña es “muy grande” pues nos hace estar en continua sintonía con ‘la emisora de Dios’ para aprender y vivir las obras de misericordia: «Tuve hambre y me distéis de comer, fui forastero y me hospedasteis».