Pascua / Pazko

El Espíritu Santo «crea un pueblo nuevo y nos da un corazón nuevo»

“Ven Espíritu de Dios. Para vivir, te necesitamos como el agua: desciende una vez más sobre nosotros y enséñanos la unidad, renueva nuestros corazones y enséñanos a amar como tú nos amas, a perdonar como tú nos perdonas”. Francisco, 2017

Cincuenta días después de la Pascua, celebramos la solemnidad de Pentecostés, en la que recordamos la manifestación del poder del Espíritu Santo, el cual —como viento y como fuego— descendió sobre los Apóstoles reunidos en el Cenáculo y los hizo capaces de predicar con valentía el Evangelio a todas las naciones. La Iglesia vive constantemente de la efusión del Espíritu Santo, sin el cual se quedaría sin fuerzas, como una barca de vela a la que le faltara el viento.

“No hay Iglesia sin Pentecostés… ni hay Pentecostés sin la Virgen María. Así fue al inicio, en el Cenáculo, donde los discípulos «perseveraban en la oración con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús, y de sus hermanos», como nos relata el libro de los Hechos de los Apóstoles (1, 14). Y así es siempre, en cada lugar y en cada época”. Benedicto XVI, 2010

Jesús se aparece estos días a los apóstoles y lo primero que dice es «Alégrense, No tengan miedo», la exhortación es a la alegría, porque Pascua es el paso de la tristeza a la alegría.

¡Alegraos, no tengáis miedo!  ¡Feliz Pascua!