Abendua / Adviento

Purificar la memoria, la esperanza y la vigilancia

Te invitamos a leer el Evangelio comentado por el Papa Francisco el lunes 3 de diciembre en la Casa Santa Marta (Ciudad del Vaticano):

Mateo 8:5-11

Al entrar en Cafarnaúm, se le acercó un centurión y le rogó diciendo: «Señor, mi criado yace en casa paralítico con terribles sufrimientos».

Jesús le dice: «Yo iré a curarle».

Replicó el centurión: «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; basta que lo digas de palabra y mi criado quedará sano. Porque también yo, que soy un subalterno, tengo soldados a mis órdenes, y digo a éste: “Vete”, y va; y a otro: “Ven”, y viene; y a mi siervo: “Haz esto”, y lo hace».

Al oír esto Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían: «Os aseguro que en Israel no he encontrado en nadie una fe tan grande. Y os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se pondrán a la mesa con Abraham, Isaac y Jacob en el reino de los Cielos».

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Pasado, futuro y presente son las tres dimensiones del tiempo de Adviento, explicó el Papa Francisco. El orden de estas tres dimensiones no es casual, sino que tiene una justificación evangélica.

Ante la voluntad de Jesús de acudir a su casa para ver a su criado, el centurión le detiene diciéndole que no es digno de recibirle en su casa, y con solo una palabra podrá curarle. Sin embargo, el Papa explicó que Jesús, con su venida, “purifica el espíritu”.

Es de esa purificación de donde surgen las tres dimensiones del Adviento. La primera, el pasado, “la purificación de la memoria”. Recordar que “ha nacido el Señor, el Redentor que vino para salvarnos”.

En este sentido, el Papa advirtió del peligro de “mundanizar la Navidad”. “Sí, tenemos la fiesta…” afirmó, y está el peligro de que “la fiesta impida la contemplación del Nacimiento y se convierta en una fiesta mundana” en vez de “una fiesta de familia con Jesús en el centro”. La gente entonces se pierde “en las compras, los regalos, en esto, en lo otro…, y el Señor se queda ahí, olvidado”.

La segunda dimensión es el futuro, la esperanza, “la purificación de la esperanza”, el prepararse “para el encuentro definitivo con el Señor”. “Porque el Señor regresará y volverá a preguntarnos: ‘¿Cómo ha ido tu vida?’. Será un encuentro personal con el Señor. Hoy lo tenemos en la Eucaristía y no podemos tener un encuentro así, personal, como en la Navidad de hace 2000 años: tenemos la memoria de aquello. Pero cuando Él regrese, tendremos ese encuentro personal”. Por lo tanto: “Hay que purificar la esperanza”.

Por último, el Santo Padre exhortó a cultivar la dimensión cotidiana de la fe, la fe en el día a día, eclipsada por las muchas preocupaciones de la vida sin recordar que Dios es “el Dios de las sorpresas”. Es la tercera dimensión del Adviento, la dimensión del presente, “es la del día a día”. Consiste en “purificar la vigilancia. Vigilancia y oración son dos palabras para el Adviento, porque el Señor vino en la historia a Belén, y vendrá, en el fin del mundo y en el fin de la vida de cada uno de nosotros”.

No obstante, finalizó el Papa, el Señor “también viene cada día, en cada momento, a nuestros corazones, por medio de la inspiración del Espíritu Santo”.

Feliz y purificador Adviento para todos.